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El mercado internacional de bonos en la mira.

Debido a las bajas tasas de interés en el mundo, muchos inversores en bonos han optado por extender los plazos de colocación o directamente invertir en fondos de bonos que de por sí tienen vencimientos promedio de más de 6 años. Quizás es momento de replantear la estrategia antes de que sea tarde.
El siguiente artículo explica el porqué.

Quienes atravesaron las burbujas tecnológicas y crediticias en la última década ya se están preguntando cómo hacerle frente a la que podría ser la tercera crisis de este siglo: la burbuja del mercado de bonos.

En abril los fondos de bonos habían atraído más 118.000 millones de dólares en lo que iba del año (45% más que un año atrás), estimulados por inversores en busca de tasas atractivas. Pero lo que debemos preguntarnos es cuál es el verdadero potencial de estos instrumentos en momentos en que las tasas de interés están prácticamente en cero.

Para quienes aún desconocen de su existencia, los fondos de bonos corporativos, que incluye también a los ETFs (Exchange Trade Funds) compuestos por estos títulos, son instrumentos de inversión que proveen exposición a un sector específico del mercado de bonos. En el caso de los ETFs -una de las mejores alternativas por diversificación y bajos costos de administración- el seguimiento del sector se realiza para un determinado promedio de vencimiento de bonos corporativos: corto plazo –de 1 a 3 años-, mediano plazo – 3 a 7 años- y largo plazo –mayor a 10 años-.

Si bien es sabido que a mayores plazos las tasas de rendimiento de los bonos se incrementan -lo que podría llevarnos a pensar en aumentar nuestra exposición a tramos más largos donde los retornos son mayores- los riesgos a asumir deben ser analizados con cautela. En primer término, todos deben saber que cuando las tasas de interés suben, los precios de los bonos caen, en especial para los bonos de mayor plazo (el precio y el rendimiento de los bonos tienen una relación inversa). Ahora bien, actualmente las tasas de interés están en niveles históricamente bajos, por lo que la discusión no está centrada en si las tasas van a subir o no, sino en qué momento va a suceder dicha suba. En este sentido, los bonos no tienen más remedio que caer cuando exista el menor indicio de que las tasas comenzarán a incrementarse.

El segundo problema es que los fondos de bonos se comportan distinto a los bonos físicos propiamente dichos. Los administradores de los fondos muchas veces se ven forzados a vender y comprar bonos a precios no deseados para hacer frente a las demandas de liquidez de los cuotapartistas, por lo que los rendimientos no están asegurados. Obviamente estos riesgos se potencian cuando los mercados están en auge (como ocurre hoy con los bonos corporativos) y las demandas de liquidez aún están por venir (cuando las tasas de interés suban, todos querrán salir de estos instrumentos, hundiendo los precios de los fondos).

Otra de las consideraciones a tener en cuenta es que los precios diarios de los ETFs de bonos han mostrado discrepancias con los bonos subyacentes que intentan replicar, lo que puede acarrear altos costos para el inversor. Esto se debe principalmente a que muchos bonos corporativos no cuentan con liquidez en el mercado, lo que obliga al administrador a vender a precios no deseados con tal de mantener la performance del ETF en valores acordes al índice, o incluso a estimar el precio de bonos que no tienen cotización de mercado. A modo de ejemplo, uno de los ETF líderes como SPDR Barclays Capital High Yield Bond (JNK) mostraba una caída de un 1% en los 12 meses previos al 31 de agosto de 2009, mientras que su índice de referencia ganaba más de 6%.

Por último, no debemos dejar de lado los efectos de la inflación y la erosión que ella genera sobre los instrumentos de renta fija. Con el estimulo record implementado por las economías desarrolladas y emergentes, es de esperar que la inflación repunte a niveles normales conforme los precios retoman su dinámica tradicional. En este sentido, un aumento en el nivel general de precios también podría ocasionar un hundimiento de los mercados de renta fija, exponiendo aún más al inversor a pérdidas de capital en términos reales: pagos fijos con gastos variables al alza sin duda no es recomendable.

 

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